La dificultad propia del desarrollo de software, y su impacto en el negocio, han puesto de manifiesto las ventajas – y en muchos casos la necesidad - de aplicar una metodología formal para llevar a cabo los proyectos de este tipo.
El objetivo es convertir el desarrollo de software en un proceso formal, con resultados predecibles, que permitan obtener un producto final de alta calidad, que satisfaga las necesidades y expectativas del cliente. Atrás dejamos el modo de trabajar artesanal, que a menudo requiere de esfuerzos heroicos para llegar a buen puerto, con los consecuentes desfases de fechas y coste, y el más que probable desgaste personal del equipo de proyecto.

En la actualidad existen numerosos estándares y modelos en los cuales nos podemos basar, como Métrica 3, CMMI, ITIL, ISO 9000, etc. Independientemente del marco, modelo o estándar elegido como referencia, la implantación de una metodología de desarrollo de software en una organización plantea diversos retos cuya resolución está más cerca de lo humano que de lo técnico.

